
30.9.2026

Xi Jinping viajó a Washington para su primera visita de Estado, la primera de un líder chino a la capital estadounidense en más de una década. El 24 de septiembre se reunió con Donald Trump en la Casa Blanca con una agenda de cuatro ejes: comercio, tecnología, inteligencia artificial y seguridad.
Era una de las cumbres más seguidas de la agenda internacional: las dos mayores economías del mundo se reunirían para tratar temas con efecto directo sobre el comercio y las cadenas de suministro globales. La recepción estuvo a la altura. Según The Economist, ningún presidente estadounidense en ejercicio recibía a un líder extranjero en el aeropuerto de Washington desde hacía 64 años.
Sin embargo, las conversaciones en el Despacho Oval duraron unos 30 minutos.

Los mandatarios acordaron extender la tregua comercial entre China y Estados Unidos. Si bien Xi quería extenderla hasta el final del mandato de Trump, se terminó acordando una prórroga de solo dos meses más. Además, ambos países pusieron en marcha sus Consejos de Comercio e Inversión, creados en la cumbre de mayo para tener una mesa permanente de negociación.
En números, hubo consenso para recomendar un trato arancelario más favorable a US$30.000 millones en bienes no sensibles en cada dirección. Entre las exportaciones estadounidenses incluidas en la lista hay productos agrícolas, pescado y mariscos, madera, cosméticos y dispositivos médicos. Entre las exportaciones chinas, electrodomésticos chicos, juguetes, decoraciones navideñas y sillas para niños.
La Casa Blanca sumó que China importaría al menos 10 millones de toneladas de carbón estadounidense en 2027 y otra vez en 2028, y se abrió un grupo de trabajo para las barreras al ingreso de productos agrícolas.
En todos los bienes se habla de recomendaciones, no de una baja de aranceles ya aplicada.
Xi también llevó a la reunión la cuestión de Taiwán y, según la agencia oficial Xinhua, le pidió a Estados Unidos "mantener la postura correcta de oponerse" a la independencia de la isla y manejar el asunto con prudencia. Trump no lo mencionó en público y no se anunció ningún cambio en la posición estadounidense.
Para entender el peso del tema: Estados Unidos mantiene desde hace décadas una política de ambigüedad estratégica sobre la soberanía de Taiwán. Sin embargo, bajo la Ley de Relaciones con Taiwán, se compromete a proveerle armas para su defensa.
China, por su parte, considera a la isla parte de su territorio y advierte que apoyar su independencia podría desencadenar un conflicto militar. En ese contexto, Washington demoró un paquete de armas para Taiwán de US$14.000 millones para no interferir con la cumbre.
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Trump anticipó que la inteligencia artificial sería tema central de la visita. Xi coincidió en que ambos países deben avanzar, pero bajo control humano. En lo concreto, la Casa Blanca informó que acordaron un diálogo bilateral sobre la inteligencia artificial y un canal de comunicación para incidentes vinculados con esta tecnología. El próximo intercambio está previsto para noviembre.
La cena de Estado del 24 estuvo protagonizada por los líderes de la industria: estuvieron presentes Elon Musk, Mark Zuckerberg, Sam Altman, Jeff Bezos, Tim Cook, Jensen Huang, Lisa Su, Sergey Brin y Sundar Pichai. Una cena de Estado para Xi es llamativa porque Trump suele presentar a China como rival, y esos eventos se reservan para líderes de países aliados. wsau
El invitado que más miraban los mercados era Huang. Nvidia venía batallando para conseguir permiso de venta de sus chips H200 en China, y las restricciones a la exportación de chips avanzados estaban en la agenda. En lo que se conoce hasta ahora, no hubo un anuncio sobre ese punto. Yahoo Finance
La lista de pendientes es más larga que la de asuntos resueltos:
La otra novedad concreta fue simbólica: China prestó dos pandas gigantes al zoológico de Atlanta.

Por ahora, indirecto. El especialista en comercio exterior Miguel Ponce lo resumió en Canal E: hubo más señales que cambios concretos. Una menor tensión entre las dos economías más grandes podría dar previsibilidad global, y si China compra más granos estadounidenses podría estabilizar precios agrícolas. En teoría, eso también significa que parte de la demanda china de soja iría a Estados Unidos y no a Argentina, aunque el cumplimiento chino sigue en duda.