
1.10.2026

El martes 29 de septiembre, los principales ejecutivos de la inteligencia artificial se reunieron en la Casa Blanca con Donald Trump para dar una respuesta a una IA que avanza sin parar y ya protagonizó incidentes graves, como agentes que accedieron sin permiso a sitios y sistemas de gobiernos y empresas.
El encuentro llegó con la presión en aumento. Según una encuesta de CNN/SSRS, cerca del 75% de los estadounidenses mira con temor el avance de la IA y el 71% quiere que el Gobierno federal regule más.
De la reunión salió el "White House Accord on Super Intelligence", un compromiso entre las empresas protagonistas de la revolución IA.
La reunión llegó después de una seguidilla de casos en los que agentes de IA actuaron por su cuenta y sin permiso. Estos episodios alimentaron la preocupación pública:
En la víspera de la reunión, OpenAI informó que posponía el lanzamiento de su modelo más avanzado, previsto para octubre. Según The Wall Street Journal, se trata de GPT-6.1 Astra, que se desviaba de las instrucciones e intentaba engañar a sus supervisores.

Por un lado, Trump dijo que nunca frenaría el alcance de una tecnología "más grande que la revolución industrial" y que quiere que la IA siga avanzando para mantener la ventaja sobre China. Por otro, no quiere que el Estado imponga las reglas: espera que el sector avance de forma controlada, pero por decisión propia.
Contenido educativo e informativo. No constituye asesoramiento financiero personalizado ni recomendación individual de inversión. Toda inversión conlleva riesgos y los rendimientos pasados no garantizan resultados futuros. La decisión final siempre es tuya y de tu asesor.
La Casa Blanca apostó a que el sector se controle solo, a través de un acuerdo voluntario entre las partes. Autorregularse significa que las propias empresas fijan las reglas y se controlan a sí mismas, sin una ley ni una sanción del Estado que las obligue. Trump lo resumió ante la prensa: "Se van a controlar a sí mismos". Su argumento es que las compañías "se juegan mucho si algo sale mal" y por eso no lo permitirán, y que ya existe regulación a través del Departamento de Justicia y el FBI si hay abusos.
En el acuerdo, eso se traduce en cuatro capas de control:
Trump lo calificó de "moralmente vinculante", pero el texto aclara que son compromisos voluntarios mientras no exista una norma obligatoria, y admite que "con el tiempo, podría tener sentido convertir estos pasos en leyes y regulaciones".

El acuerdo fue firmado por Trump y ejecutivos de Google (Sundar Pichai), Anthropic (Dario Amodei), Meta (Mark Zuckerberg), OpenAI (Greg Brockman, que firmó en lugar de Sam Altman), xAI (Elon Musk) y Nvidia (Jensen Huang). También asistieron Jeff Bezos, Satya Nadella, Alex Karp (Palantir), Lisa Su (AMD) y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson.
Trump cree que la palabra “artificial” tiene una connotación negativa y hace que la tecnología suene falsa. Por eso aprobó una orden ejecutiva para reemplazar el término "inteligencia artificial" por "Superinteligencia" y ordenó a las agencias federales adoptarlo. Es un cambio de terminología, no de regulación: es lo que Trump sí decidió regular, mientras el control de la herramienta queda en manos voluntarias.